LA TÓXICA NEGATIVIDAD

A lo largo de nuestra vida tenemos que enfrentarnos a mucha negatividad.

Quizás más en épocas en las que no estamos pasando por un buen momento, quizás sea el entorno pesimista que nos incita a ser negativos, o quizás, simplemente, una sociedad en la que el optimismo es sinónimo de ser un crédulo, convenciéndote con la determinante frase de "hay que ser realista".

Se cuál sea el motivo, la negatividad nos consume, nos limita y es sumamente tóxica, pues son los frenos que nos impiden lanzarnos a perseguir nuestros sueños, a creer en nosotros mismos y en nuestras posibilidades.

Pero, créeme, ¡se puede!

Cuando somos niños consideramos que podemos dedicarnos a aquello que queramos, que podremos vivir en la casa de nuestros sueños, viajaremos por el mundo, viviremos aventuras… ¿Qué ha pasado entonces? ¿Cuándo hemos decidido dejar de creer y ser tan aburridos?

La respuesta reside en que vivimos en una sociedad en la que madurar significa dejar de soñar despiertos, significado de ser “realistas” (ya hablaremos otro día de esta dichosa palabra). Por tanto, así nos comportamos, actuando como todos hacen, tratando de no salirnos de la líneas ya dibujadas por alguien anteriormente, aunque eso nos reporte insatisfacción.

De vez en cuando, presta atención a conversaciones ajenas (no pretendo ser cotilla, simplemente analicemos nuestro entorno). Por ejemplo, cuando vas en transporte público un lunes a primera hora, ¿cuántas de esas conversaciones tienen connotaciones negativas? Quejas y más quejas: sobre el trabajo, dolores, cansancio, acerca de como nos engañan los de arriba, sueño por madrugar para ir a un trabajo en el que no me siento realizado, mal estar con algunos compañeros de trabajo o con la pareja, mal estar con uno mismo…

 

 

Sin embargo, nadie parece hacer nada por cambiar su entorno, ese por el que tanto protestan. Ni por transformar todas esas quejas en sentimientos optimistas, entusiastas. Entonces, estarás de acuerdo en que la negatividad nos rodea, cala nuestros huesos a través de una sociedad pesimista. Nos invita a aplastar nuestros sentimientos más optimistas con el mazo de la negatividad, creyendo, además, que eso es lo correcto.

A pesar de que la negatividad se respira en al aire, hay personas que, incluso, se atreven a rociarte de desesperanza en cuanto ven un atisbo de optimismo en tu ser.

¡Cuidado! jamás permitas que nadie te diga que tus sueños son imposibles.

Jamás permitas que se rían de ti, que te hundan con ese pesimismo que les envuelve y con el que pretenden atrapar a todo cuanto les rodea. La gente negativa ha tomado la decisión de serlo, ni que decir tiene que les respetamos. Sin embargo, no tenemos por qué soportar que traten de trasladar sus miedos y frustraciones contra nosotros.

Por otro lado, existe la posibilidad de que tú seas esa persona negativa. Si así fuera, regálate un momento para estudiar por qué tienes esa actitud tan pesimista ante la vida: ¿Has tenido malas experiencias? ¿Crees que no puedes conseguir aquello que te propongas porque no te consideras suficientemente capaz?... Sea cual sea el motivo, se merece que lo arrugues cual trozo de papel, y que lo tires a la basura.

Una actitud optimista ante la vida te hace creer que puedes, creer que puedes te hace luchar por ello, y luchar por ello te hace sentirte realizado, orgulloso.

Si no te gusta algo de tu vida: tu trabajo, tu casa, tus vecinos, la ciudad donde vives, tu pareja, la carrera que estás estudiando… Lo que sea. Si no te gusta, elimínalo. Y dirás, “no es tan fácil…”, pero, sinceramente, lo que a mí me resulta realmente difícil es vivir una vida que no te agrada, que te invita a quejarte constantemente.

Por otro lado me gustaría aclarar que ser optimista, bajo mi punto de vista, no consiste en “poner la otra mejilla”, es decir, que se aprovechen de ti, que no te valoren, o que no seas plenamente feliz con la vida que llevas, y que tú, a cambio, despliegues una sonrisa y lo soportes con la mayor resignación posible. Eso es vivir una vida de sacrificio en vano, no es lo que a uno le hace sentirse satisfecho, orgulloso de uno mismo.

Ser optimista es eliminar todo aquello que no te hace bien y no mirar atrás, tener valor para ir a por aquello que quieres, considerar que lo mereces y que vas a ser capaz de conseguirlo.

 

ENCIENDE LA LUZ

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