Cómo tener fuerza de voluntad

¿Por qué a unas personas parece que nos cuesta tanto cambiar o modificar hábitos, mientras que otras personas lo consiguen casi de un día para otro? ¿Es porque somo vagos? ¿Es porque no tenemos fuerza de voluntad?

El problema es, entre otras cosas, que no tenemos la suficiente motivación para continuar y no acabar tirando la toalla.
 

¿Cómo encontrar la motivación suficiente para no rendirnos?

El hecho de motivarse a uno mismo proviene de la satisfacción de estar en control de nuestra vida. Por eso, normalmente, nos cuesta mucho menos sentirnos motivados cuando hacemos algo porque queremos, porque es nuestra decisión propia y no imposición de nadie.

A mí antes me decían que tenía que comer bien y hacer ejercicio para adelgazar, y aunque sabía que era cierto, hacía todo lo posible por adelgazar, menos eso. Yo no era consciente de ello, pero mi subconsciente se veía presionado a hacer algo porque debía de hacerlo, porque me lo estaban imponiendo casi, sin embargo no tenía yo el control, no era decisión propia.

Un día, decidí que estaba harta de tener sobrepeso y que después de haber hecho tantas dietas iba a probar a comer bien, sin prisa, poco a poco. Esta vez dio resultado, me sentía 100% motivada a hacerlo porque era decisión mía, yo estaba al mando, este nuevo hábito quería adquirirlo porque yo lo había decidido sin la presión de nadie. Eso dio resultado, fue una clave para que mi proceso de adelgazar comiendo bien tuviera éxito.
 

¿Por qué dejamos las cosas para mañana?

Todos los hábitos, tanto los buenos como los malos, existen por una buena razón: la recompensa. Por ejemplo, una persona que come bien, saludable, tiene la recompensa de sentirse bien consigo misma cuando ha acabado de comer: ha hecho lo correcto para su cuerpo. Al igual que la persona que come en exceso comida basura, tiene la recompensa momentánea que le produce el azúcar. Ambos comportamientos: uno favorable para nuestra salud y otro no, tienen recompensa instantánea. ¿Quiere decir esto que la persona que come mal es una vaga? No, lo que ocurre es que tiene mal asociada la recompensa, debe sustituir ese mecanismo en su sistema nervioso (abajo os lo explico con más detalle).

Incluso el hábito de dejar las cosas para mañana tiene una recompensa en el momento, os lo cuento en este vídeo:


Cómo adquirir hábitos saludables.

Solo hay una forma de modificar ciertos hábito y es relacionando sentimientos desagradables o de malestar con el hábito que queremos eliminar, por sensaciones inmediatas de placer vinculadas al nuevo hábito saludable que deseamos adquirir.

Esto se explica gracias a la premisa de que hay dos motivos determinantes de la conducta humana:

1. La necesidad de evitar el dolor.

2. El deseo de obtener placer.

Todas las personas hemos experimentado momentos de aburrimiento, frustración, tristeza… Y nuestro cuerpo busca caminos que ya conoce (se los hemos enseñado a lo largo de nuestra vida y nosotros los hemos adquirido al verlo en casa, en amigos...) para liberar esas emociones negativas y transformarlas en placer: comer para matar el aburrimiento, pagar esa frustración con otros, beber alcohol para “olvidar” porqué estamos tristes... Cada persona frena esas emociones con otras emociones que le producen un alivio instantáneo. En ocasiones, como las anteriores, un alivio que aunque instantáneo, a la larga es perjudicial, de ahí que queramos, o incluso DEBAMOS, modificar ciertos hábitos.

La cuestión es encontrar un modo de aliviar esos sentimientos de forma efectiva, de forma que podamos sacarle partido y beneficiarnos de ello. No aliviar el aburrimiento con comida, ni la frustración con gritar a las personas que más apreciamos, ni la tristeza con drogas que nos hagan evadirnos de la realidad por unas horas.

Para conseguirlo, debemos tener en cuenta los 6 pasos a seguir de NAC (Acondicionamiento Neuro-asociativo), una ciencia desarrollada por Tony Robbins a partir de los fundamentos de la Programación Neuro -Lingüística (PNL).

1. Decidir qué es lo que queremos y averigua qué nos está impidiendo conseguirlo.

Por lo general nos centramos en aquello que no queremos en la vida, ¿cuántas veces has dicho o escuchado eso de “no sé qué quiero pero sí sé perfectamente lo que no quiero en mi vida”? Yo no solo lo he escuchado, sino que lo he dicho más de una vez.

¿Pero cómo vamos a conseguir lo que queremos si ni siquiera sabemos qué es? No hay claridad en nuestros objetivos y sin una clara visión de estos no podemos organizarnos y trabajar por conseguirlos. Por eso debemos ser claros y específicos, averiguar qué es lo que queremos, sin rodeos.

Por otro lado, eso que nos impide hacer un cambio es, por lo general, asociar “dolor” o miedo al propio cambio, por el miedo innato que el ser humano siente hacia lo desconocido, hacia el cambio. Muchas veces, el cambio se compone en un 20% de saber cómo llevar a cabo ese cambio, y un 80% de saber por qué debemos/queremos llevar a cabo ese cambio. Analiza tu caso en concreto; ¿por qué quieres cambiar? ¿Por qué necesitas cambiar? ¿Porque lo deseas con toda tu alma, porque te lo exigen tus padres o la sociedad, porque se supone que debes, porque es la vida de tus sueños? 

 

2. Asociar dolor con el hecho de seguir estancado, y una gran sensación de alivio hacia el cambio.

El cambio no depende de ser capaces o no, sino de la motivación que tengamos. Y la única forma de llevar a cabo ese cambio en nuestros hábitos es crear una sensación de urgencia, ¡necesito cambiar YA!

El problema radica en que, por un lado, queremos cambiar: no queremos seguir estando gordos o seguir en esa relación de pareja que no nos hace felices (ejemplos). Sin embargo, el miedo al cambio nos provoca incluso un dolor mayor que el hecho de seguir como estamos, aunque estemos mal: ¿y si empiezo a comer bien y no adelgazo porque solo se adelgaza pasando hambre y al final no sirve de nada y vuelvo a fracasar?, ¿y si acabo con esa relación y no encuentro nunca a otra persona y me quedo solo toda la vida?

Esta mezcla de sensaciones: placer por lo que conseguiremos si realmente cambiamos pero miedo por el cambio en sí, nos provoca una gran confusión y, en consecuencia, nos cambiar.

Entonces, ¿por qué a veces no somos “capaces” de cambiar incluso cuando somos conscientes de que debemos? Porque asociamos mucho más dolor al cambio que a quedarnos como estamos. Por ejemplo, asociamos mucho más dolor al hecho de hacer ejercicio que al hecho de seguir como estamos. Asociamos mucho más dolor a la incertidumbre de estar “solos” que a seguir en una relación que nos es indiferente. Asociamos muchísimo más dolor al miedo por no encontrar otro trabajo, que a seguir en un empleo donde creemos que nos pagan menos de lo que deberían.

La manera de salir de esa espiral de conformismo es llegar al límite. Esa situación en la que uno dice “se acabó. No puedo más con esta situación. No puedo soportarlo ni un segundo más”. A veces, por desgracia, eso ocurre cuando un hábito no saludable nos lleva a una situación de extrema emergencia para nuestra salud o la de las personas que más queremos.

Pero saber que estás fracasando en el hecho de vivir la vida como realmente quisieras vivirla, es suficientemente doloroso como para cambiar de una vez por todas.
 

3. Interrumpir el patrón de comportamiento.

Tú y yo no somos el problema, sino que hemos adquirido una serie de patrones de comportamiento erróneos. Lo que tenemos que conseguir es reorganizar nuestro sistema neuro-asociativo para adquirir nuevos patrones que nos dirijan hacia lo que queremos conseguir (cambio a mejor) en vez de hacia nuestros miedos y frustraciones.

Porque por muy motivados que estemos, si seguimos haciendo las mismas cosas (mismos patrones) que ya en su día no dieron resultados, nada va a cambiar.

Es como un mosca que quiere salir de la habitación y puede estar horas chocandose contra el cristal. Una y otra vez, una y otra vez. Los humanos hacemos lo mismo, sin darnos cuenta de que el primer paso es alejarse de la ventana y buscar otra salida, en vez de hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados diferentes.

Eso tenemos que hacer tú y yo, alejarnos del patrón que no nos da resultado para empezar, eliminarlo de nuestras posibilidades, que nuestro cerebro no lo entienda como la opción correcta a elegir.

 

4. Diseña tus nuevos hábitos.

Mucha gente llega hasta el tercer paso, en el que están tan hartos de ese comportamiento dañino o esos hábitos nocivos que deciden interrumpir el patrón por completo. El problema es que, si no elegimos bien el nuevo hábito que va a sustituir el anterior, podemos recaer en nuestros viejos hábitos.

Por ejemplo, ocurre mucho que cuando la gente deja de fumar, engorda. Esto ocurre porque sustituyen el placer que obtenían al fumar por el placer (efímero) que les produce comer (normalmente alimentos poco saludables y/o en cantidades excesivas).

Esto, en muchos casos, no elimina la ansiedad, simplemente transforma la ansiedad por dejar de fumar en ansiedad por la comida. Por lo tanto esas personas se ven decepcionadas y rescatan el viejo, y dañino, hábito de fumar: así por lo menos no engordan.

Por eso nuestros nuevos hábitos deben ser sostenibles, por eso cuando los expertos hablan de adelgazar aseguran que, en la mayoría de los casos, las dietas milagro esconden un efecto rebote peligroso: porque ese nuevo hábito (dieta restrictiva) no es sostenible a nivel emocional ni físico por mucho tiempo, y en la mayoría de casos se vuelve al viejo hábito: comer mal y en exceso. Se vuelve a engordar, no se ha adquirido ningún hábito nuevo y encima hemos recaído en la situación anterior. Esto nos frustra.

Para elegir qué nuevo hábito es el más adecuado, lo mejor es acudir a un especialista (depende de qué hábitos queremos eliminar) o fijarnos en personas que hayan conseguido cambiar de un modo sostenible. Inspirarnos en sus experiencias y que nos sirvan de guía.

 

5. Consolidar los nuevos hábitos.

La única forma de que el cambio sea duradero, es repitiendo el buen patrón de conducta una y otra vez hasta que se convierta en parte de nuestro día a día, en algo tan normal como comer, ducharnos, dormir, respirar…

Una forma efectiva de conseguir que un hábito saludable nuevo se instale en nuestra vida es mediante el refuerzo positivo, es decir, celebrando cada pequeña victoria de manera instantánea con una recompensa.

¿Sabes cuando educamos a un perro y le damos una chuchería en el instante en que se sienta? Pues con nosotros debemos hacer igual.

Eso sí, esta “recompensa” debe ser instantánea, para que nuestro sistema nervioso lo capte y asocie la buena acción con la recompensa, es decir, con el placer.

Si queremos dejar de fumar, y en un momento de debilidad cogemos un cigarro pero en el instante cambiamos de idea y rompemos el cigarro, debemos premiarnos en ese mismo instante, porque aunque intelectualmente comprendemos que nos estamos premiando por algo bueno incluso un par de días después de haberlo hecho, nuestro sistema nervioso no entiende esa relación, y es él quién debe captar esa información para crear nuevos patrones de comportamiento.

Hemos demostrado fuerza rompiendo ese cigarro en vez de encendiéndolo, esa actitud ha de ser recompensada para que nuestro sistema nervioso entienda el placer que nos ha provocado ser fuertes y hacer lo que debemos en ese momento. Que entienda que existe más placer en el hecho de haber renunciado al cigarro que en el propio hecho de fumar.

Eso sí, el refuerzo positivo ha de ir progresando. Igual que al perro no le damos chuches cada vez que se sienta, solo al principio cuando está aprendiendo. Sin embargo, cuando aprende un truco nuevo, como dar la patita, le volvemos a premiar hasta que se asienta en sus hábitos (en su aprendizaje) y la da aunque no haya chuches de por medio.

Si nos recompensamos siempre por lo mismo, no aumentamos nuestras expectativas y nos estancamos. Se trata de seguir reforzando el nuevo hábito: al principio celebrabamos salir a caminar 3 veces por semana, que teniendo en cuenta que antes no nos movíamos en absoluto, salir a caminar 3 veces a la semana está muy bien. Luego, comenzaremos a celebrar salir a caminar 5 veces por semana… Se trata de ir subiendo peldaños hasta adquirir el hábito que perseguimos (la meta), hasta, en este último caso, conseguir ser alguien que hace ejercicio porque forma parte de su vida y lo considera algo fundamental para su salud y su bienestar.
 

6. Comprobar que el plan funciona.

Nos levantamos por la mañana el sábado y hacer ejercicio no es una opción, es algo que nuestro cuerpo nos pide, nos apetece. Entonces lo hemos logrado, el hábito que queríamos adquirir se ha instalado en nuestras vidas de manera automática, es parte de nuestro día a día.

Nos ofrecen un cigarrillo y lo rechazamos pero sabemos que fumar nos provocaría placer en ese momento. En este caso, no hemos asentado el nuevo hábito de manera sostenible, pues nuestro sistema nervioso sigue relacionado el acto de fumar con algo placentero.

Si ese fuera el caso, deberíamos replantearnos toda la actividad y comenzar de cero porque algo ha fallado. Quizás no hemos elegido bien los motivos que nos llevan a querer cambiar, quizás no nos hemos premiado al instante y nuestro sistema nervioso no ha sido capaz de relacionar el placer con el hábito que queremos adquirir, quizás hemos tomado las prácticas de siempre, como por ejemplo hacer una dieta, y al acabarla hemos vuelto a engordar otra vez…

Algo ha fallado, y debemos empezar de cero porque el problema NO ESTÁ EN NOSOTROS, simplemente no hemos educado correctamente nuestro sistema nervioso. Es cuestión de volver a empezar de manera diferente, de manera honesta. Esta vez con mucha más experiencia a nuestras espaldas y muchas más posibilidades de tener éxito.

Si por el contrario lo hemos conseguido, hemos adquirido un nuevo hábito saludable (a su vez hemos eliminado uno perjudicial), nos hemos demostrado lo fuerte que realmente somos. Esto solo nos estimulará a ir a por más, a seguir mejorando otros aspectos de nuestra vida que creamos aún debemos mejorar o, simplemente, seguir avanzando, aprendiendo y creciendo.

Toda esta información está recopilada del libro de Tony Robbins "Awaken the giant within",  del libro del premio Pulitzer Charles Duhigg "the power of habit", y de mis experiencias personales.

Espero que os haya gustado pero, sobre todo, espero que os haya aportado algo bueno.

Con cariño,

Alziur.